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jueves, 26 de enero de 2017

Brevísima síntesis sobre los temas específicos de "ser comunista", "la propiedad privada" y "el capitalismo", del Manifiesto Comunista de Marx y Engels.


     "El Manifiesto del Partido Comunista fue redactado por encargo de la Liga Comunista en 1847, y publicado, no sin problemas, pocas semanas antes de la revolución de febrero de 1848. Su difusión, en principio reducida, se acrecentó con los años hasta aparecer como el programa por excelencia del movimiento obrero europeo.
     En él, sus autores, Karl Marx y Friedrich Engels, hacen una primera exposición de lo que, más adelante, desarrollado en todo su rigor y complejidad, se vendría a denominar marxismo. Su apuesta es audaz: toda la historia de la sociedad humana ha sido, hasta la fecha, "la historia de la lucha de clases". Que de tal apuesta se haya hecho un lugar común hace impresindible volver a leer un texto clásico que, en su claridad, también en su valentía, nos emplaza a pensar aún hoy sobre las raíces, la violencia y la necesidad de expansión de un modelo económico, el capitalista, ya globalizado y convertido en verdadera -¿imparable?- fuerza de transformación del planeta."
Francisco Fernández Buey, marzo de 1997. Ediciones de intervención cultural/El viejo topo.


¡Proletarios de todos los países, uníos!
 Página 71, editorial: Ediciones de intervención cultural/El viejo topo.




Los comunistas luchan...
 Página 69, editorial: Ediciones de intervención cultural/El viejo topo.
 


Ser capitalista significa...
 Página 44, editorial: Ediciones de intervención cultural/El viejo topo.
 


Os horrorizáis ...
 Página 46, editorial: Ediciones de intervención cultural/El viejo topo.
 


El comunismo no arrebata a nadie... 
El comunismo no arrebata a nadie... Continuación, parte 2.
El comunismo no arrebata a nadie... Continuación, parte 3.

Páginas 46, 47 y 45, editorial: Ediciones de intervención cultural/El viejo topo.



El rasgo distintivo...
El rasgo distintivo... Continuación.

Páginas 43 y 44, editorial: Ediciones de intervención cultural/El viejo topo.
 


 En resumen...
 Página 70, editorial: Ediciones de intervención cultural/El viejo topo.



Del prefacio de Engels a la edición inglesa de 1888:
 Del prefacio de Engels a la edición inglesa de 1888, continuación.

Páginas 86 y 87, del Prefacio de Friedrich Engels a la edición inglesa de 1888. Editorial: Ediciones de intervención cultural/El viejo topo.


 
NOTA IMPORTANTE: Todas las imágenes y textos fueron obtenidos de la edición impresa del Manifiesto Comunista, por Ediciones de intervención cultural/El viejo topo, y no se publican y comparten con interés de obtener algún beneficio económico y/o personal.
DBCI, 26 de enero de 2017. 





viernes, 27 de mayo de 2016

Respuesta a la nota mental del 24/04/16



Nada se gana al caminar erguidos de orgullo cada día, cuando por las noches al acostarnos no es el cansancio lo que nos llevó a la cama, sino el pesar de la carencia de dignidad y honradez.
DBCI
27/05/16


sábado, 14 de noviembre de 2015

Pray for France? What about Kenya, Beirut, Mexico... The entire world?!



Tanto de #París, #Francia.

Leo a muchos y me doy cuenta de la ignorancia satura la mente de la mayoría, quienes se van por las respuestas, soluciones, conclusiones en boga y las más sencillas, a pesar de tener la respuesta frente a sus ojos. 

¿La religión es la culpable de que EUA arme y mantenga a Israel?

¿Es la culpable de que EUA creara a ISIS?

¿Es la fe de los pueblos culpable de que EUA ayudará a Al Qaeda a repeler a Rusia?

¿Es la religión culpable de que el capitalismo y la democracia sean el verdadero cáncer?

No todos son ignorantes, lo sé, pero a muchos sí los confunden y, la respuesta de moda, más sencilla y sin complicaciones es echarle la culpa a la creencia de las personas. 

La religión no es otra cosa que una preferencia, como lo es un programa de TV; lo que sí es malo es que los ignaros, los radicales, los iletrados y tanta gente oprimida no sé de cuenta de tantas mañas y trucos que este sistema podrido (del que no negaría por completo que organizaciones religiosas formen parte, mantenidas por el pueblo y millonarias en propiedades, dinero y ricas en poder) son los culpables.

Si lo que publican en redes sociales es a causa o en referencia a lo que pasó en París, les conmino a pensar un poco más las cosas, entenderán que la religión será la señalada, pero no es realmente la culpable.

Hay muchas otras cosas, como la inmigración, el dinero, el poder, la sumisión y la pobreza. Qué fácil es echarle la culpa a una sola cosa, ¿no?; sería como asegurar que yo, si fumo mariguana, deberé por fuerza (tarde o temprano) meterme cocaína. Así pintan muchos a la religión, como que forzosamente llevará al fanatismo y eso que proponen, estimados, es totalitarismo y es absurdo, es fascismo... Eso es parte de lo que lleva al mundo a las armas.

Piensen mejor en el gran negocio de la guerra como el cáncer de tantas tragedias, cáncer que usa a la religión (cual sea; ya muchas han sido "culpables" en diferentes épocas) como el medio de transporte para trasladar células, como metástasis, a todas partes del mundo, y...

¿Qué país es el más beneficiado con la guerra?

¿Cuál es el más potente (en armamento y dinero)?

¿Cuántos aliados tiene?

No seamos miopes de criterio. 

Pienso que es una verdadera pena la muerte de una sola persona a manos de otra, en cualquier lugar del mundo; a mi no me preocupa más Tlatlaya (por mencionar como ejemplo un caso reciente) que lo que pasó ayer el París, para mí tienen el mismo valor; es trágico, penoso y merece pensarse detenidamente, pensarse bien antes de creer que: lo que pasa en México sí es por el estado, pero si pasa en Europa entonces es por la religión. 

Seamos ciudadanos del mundo, luchemos contra un sistema pútrido, contra las fronteras, contra el hambre y la ignorancia; consigamos, como derecho humano, el libre tránsito por el planeta, los mismos derechos y conocimientos, libertad de expresión y pensamiento.

Basta de culpar siempre a los indefensos, basta de culpar a quienes se les lavó el cerebro para cometer actos terroristas, basta de culpar individuos por sus creencias, ¡comencemos a ampliar la imagen! 

Seamos, también, cautelosos en nuestros comentarios, tratemos de no ofender indirectamente, o entonces seamos valientes y señalemos directamente; no dejemos las cosas a medias y más dudas al aire. 

No defiendo a las religiones, defiendo el libre pensar.

No acuso a individuos, el sistema es el verdadero culpable.

¡Basta de ingenuidad!

DBCI
14 de noviembre de 2015.




¿Y alguien habla de Kenia (Kenya)?











jueves, 19 de marzo de 2015

Cambio climático

Lamento tener que insistir nuevamente en ello...

Cambio climático ¡pero claro que no es un mito! Simplemente no es culpa del humano, no hay nada que hacer, nada que evitar. Ha pasado siempre, ¡son ciclos! ¿Acaso van a dejar de bañarse diario? ¡O sí, cada vez que lo haces contaminas! Ó ¿Cuántas veces pueden orinar sin jalar la cadena para ahorrar agua? ¿Los botes de las cremas no contaminan o, sólo los de Coca-Cola?

El #reciclaje es un truco, parte del capitalismo, favoreciendo con ello a quienes reutilizan industrialmente, para vendernos nuevamente la misma porquería, pero se las damos separada, organizada y medio comprimida, para evitarles gastos y ¿qué beneficio obtenemos? ¡Ninguno, nos lo venden nuevamente y cada vez más caro! Esas empresas utilizan cantidades indescriptibles de agua, gas, químicos y cualquier cantidad absurda de contaminantes que nadie observa ni regula, les hacemos el favor de darles todo "en bandeja de plata" y en complicidad de gobiernos y empresarios corruptos firman acuerdos en beneficio propio, de los mismos del poder de siempre, menos de la "madre naturaleza".

Obviamente la limpieza es un asunto de salud, y mantenernos sanos contamina (por si no lo sabían), y con el pretexto de "ahorrar" agua, se ha puesto en marcha un plan siniestro, en verdad siniestro, de privatización del suministro del líquido vital; no es otra cosa que negocio, donde claro, elevarán el precio con el clásico eslogan de "por tu salud y beneficio". Si no te quejas ahora, no te harán caso después.

¿Autos eléctricos o solares? Generar la energía eléctrica que consumen contamina más que cualquier otra cosa; enchufar un automóvil eléctrico para una carga completa contamina más que un tanque de gasolina de 70 litros ¡así de sencillo! La fabricación de cualquier automóvil requiere de plásticos, de soldaduras, electricidad, de pinturas, de cauchos, espumas, y de mil materias que no se pueden reutilizar, ni son controladas, ¿o ello depende únicamente de nosotros para comprar esos autos y no de quienes los fabrican?

Ni usar jabones "biodegradables", ni nada que hagamos o evitemos hacer hará que el #CambioClimático pase. Dejen de creer lo que los gobiernos, empresas y noticias dicen, ellos ¡DESEAN HACERTE SENTIR CULPABLE POR VIVIR Y COBRARTE MUY CARO POR ELLO!

Se limpio, comienza por ti (evitas enfermedades y te ves mejor), pero no te preocupes por lo naturalmente inevitable, la tierra ha sufrido cambios, muchos y drásticos, desde millones de años antes de la presencia del hombre.

El cambio climático existe, pasará, pero no es tu culpa y sí es su negocio, no paguemos por ello.

Repito, si no te quejas ahora, no te harán caso después.

DBCI
QRO. 19/03/15

lunes, 19 de enero de 2015

Burguesía capitalista






Así como obligamos al zurdo a saludar con la mano derecha; la democracia obliga a acatar cualquier beneficio para el burgués capitalista.
DBCI
19/01/15


Burguesía:

Según la interpretación marxista de la historia (materialismo histórico) la burguesía se identifica por su papel en el modo de producción capitalista, donde se caracteriza por su posición en las estructuras de producción y por las relaciones de producción que establece con otras clases, especialmente con el proletariado. Su función es la posesión de los medios de producción, por la que establece su relación desigual con el proletariado, que al no poseer estos medios debe venderle su fuerza de trabajo. La extracción de la plusvalía de ese trabajo permite la acumulación de capital por parte de la burguesía.

Desde el siglo XX, aunque la connotación de los términos "burguesía" y "burgués" incluye un cierto componente peyorativo, especialmente cuando se utiliza en contextos políticos con fines polémicos; es habitual también su utilización en contextos académicos.

La burguesía ha desempeñado, en el transcurso de la historia, un papel verdaderamente revolucionario.

Dondequiera que se instauró, echó por tierra todas las instituciones feudales, patriarcales e idílicas. Desgarró implacablemente los abigarrados lazos feudales que unían al hombre con sus superiores naturales y no dejó en pie más vínculo que el del interés escueto, el del dinero contante y sonante, que no tiene entrañas. Echó por encima del santo temor de Dios, de la devoción mística y piadosa, del ardor caballeresco y la tímida melancolía del buen burgués, el jarro de agua helada de sus cálculos egoístas. Enterró la dignidad personal bajo el dinero y redujo todas aquellas innumerables libertades escrituradas y bien adquiridas a una única libertad: la libertad ilimitada de comerciar. Sustituyó, para decirlo de una vez, un régimen de explotación, velado por los cendales de las ilusiones políticas y religiosas, por un régimen franco, descarado, directo, escueto, de explotación.

La burguesía despojó de su halo de santidad todo lo que antes se tenía por venerable y digno de piadoso acontecimiento. Convirtió en sus servidores asalariados al médico, al jurista, al poeta, al sacerdote, al hombre de ciencia.

La burguesía desgarró los velos emotivos y sentimentales que envolvían a la familia y puso al desnudo la realidad económica de las relaciones familiares.

La burguesía vino a demostrar que aquellos alardes de fuerza bruta que la reacción tanto admira en la Edad Media tenían su complemento cumplido en la haraganería más indolente. Hasta que ella no lo reveló no supimos cuánto podía dar de sí el trabajo del hombre. La burguesía ha producido maravillas mucho mayores que las pirámides de Egipto, los acueductos romanos y las catedrales góticas; ha acometido y dado cima a empresas mucho más grandiosas que las emigraciones de los pueblos y las cruzadas.

La burguesía no puede existir si no es revolucionando incesantemente los instrumentos de la producción, que tanto vale decir el sistema todo de la producción, y con él todo el régimen social. Lo contrario de cuantas clases sociales la precedieron, que tenían todas por condición primaria de vida la intangibilidad del régimen de producción vigente. La época de la burguesía se caracteriza y distingue de todas las demás por el constante y agitado desplazamiento de la producción, por la conmoción ininterrumpida de todas las relaciones sociales, por una inquietud y una dinámica incesantes. Las relaciones inconmovibles y mohosas del pasado, con todo su séquito de ideas y creencias viejas y venerables, se derrumban, y las nuevas envejecen antes de echar raíces. Todo lo que se creía permanente y perenne se esfuma, lo santo es profanado, y, al fin, el hombre se ve constreñido, por la fuerza de las cosas, a contemplar con mirada fría su vida y sus relaciones con los demás.

La necesidad de encontrar mercados espolea a la burguesía de una punta a otra del planeta. Por todas partes anida, en todas partes construye, por doquier establece relaciones.

La burguesía, al explotar el mercado mundial, da a la producción y al consumo de todos los países un sello cosmopolita. Entre los lamentos de los reaccionarios destruye los cimientos nacionales de la industria. Las viejas industrias nacionales se vienen a tierra, arrolladas por otras nuevas, cuya instauración es problema vital para todas las naciones civilizadas; por industrias que ya no transforman como antes las materias primas del país, sino las traídas de los climas más lejanos y cuyos productos encuentran salida no solo dentro de las fronteras, sino en todas las partes del mundo. Brotan necesidades nuevas que ya no bastan para satisfacer, como en otro tiempo, los frutos del país, sino que reclaman para su satisfacción los productos de tierras remotas. Ya no reina aquel mercado local y nacional que se bastaba a sí mismo y donde no entraba nada de fuera; ahora, la red del comercio es universal y en ella entran, unidas por vínculos de interdependencia, todas las naciones. Y lo que acontece con la producción material acontece también con la del espíritu. Los productos espirituales de las diferentes naciones vienen a formar un acervo común. Las limitaciones y peculiaridades del carácter nacional van pasando a segundo plano, y las literaturas locales y nacionales confluyen todas en una literatura universal.

La burguesía, con el rápido perfeccionamiento de todos los medios de producción, con las facilidades increíbles de su red de comunicaciones, lleva la civilización hasta a las naciones más salvajes. El bajo precio de sus mercancías es la artillería pesada con la que derrumba todas las murallas de la China, con la que obliga a capitular a las tribus bárbaras más ariscas en su odio contra el extranjero. Obliga a todas las naciones a abrazar el régimen de producción de la burguesía o perecer; las obliga a implantar en su propio seno la llamada civilización, es decir, a hacerse burguesas. Crea un mundo hecho a su imagen y semejanza.

La burguesía somete el campo al imperio de la ciudad. Crea ciudades enormes, intensifica la población urbana en una fuerte proporción respecto a la campesina y arranca a una parte considerable de la gente del campo al cretinismo de la vida rural. Y del mismo modo que somete el campo a la ciudad, somete los pueblos bárbaros y semibárbaros a las naciones civilizadas, los pueblos campesinos a los pueblos burgueses, el Oriente al Occidente.

La burguesía va aglutinando cada vez más los medios de producción, la propiedad y los habitantes del país. Aglomera la población, centraliza los medios de producción y concentra en manos de unos cuantos la propiedad. Este proceso tenía que conducir, por fuerza lógica, a un régimen de centralización política. Territorios antes independientes, apenas aliados, con intereses distintos, distintas leyes, gobiernos autónomos y líneas aduaneras propias, se asocian y refunden en una nación única, bajo un gobierno, una ley, un interés nacional de clase y una sola línea aduanera.

En el siglo corto que lleva de existencia como clase soberana, la burguesía ha creado energías productivas mucho más grandiosas y colosales que todas las pasadas generaciones juntas. Basta pensar en el sometimiento de las fuerzas naturales por la mano del hombre, en la maquinaria, en la aplicación de la química a la industria y la agricultura, en la navegación de vapor, en los ferrocarriles, en el telégrafo eléctrico, en la roturación de continentes enteros, en los ríos abiertos a la navegación, en los nuevos pueblos que brotaron de la tierra como por ensalmo... ¿Quién, en los pasados siglos, pudo sospechar siquiera que en el regazo de la sociedad fecundada por el trabajo del hombre yaciesen soterradas tantas y tales energías y elementos de producción?”.

Karl Marx y Frederick Engels. Manifiesto del Partido Comunista, 1848, fragmento de la primera parte “Burgueses y proletarios”.

El Manifiesto comunista fue publicado como programa de la Liga de los Comunistas, una asociación de trabajadores, al principio exclusivamente alemana y más tarde internacional. La traducción francesa apareció en París poco antes de la insurrección de junio de 1848. En 1850 la revista Red Republican publicó en Londres la primera versión en inglés. La traducción rusa, hecha por Mijaíl Bakunin, fue publicada en la imprenta del Kólokol de Herzen en Ginebra, en 1863.

Según el prólogo escrito en 1888 por Frederick Engels, cuando el manifiesto fue redactado: “No pudimos titularlo Manifiesto ‘socialista’. En 1847 se llamaban socialistas, por una parte, todos los adeptos de los diferentes sistemas utópicos: los owenistas en Inglaterra y los fourieristas en Francia, reducidos ya a meras sectas y en proceso de extinción paulatina; de otra parte, toda suerte de curanderos sociales que prometían suprimir, con sus diferentes emplastos, las lacras sociales sin dañar al capital ni a la ganancia. En ambos casos, gentes que se hallaban fuera del movimiento obrero y que buscaban apoyo más bien en las clases ‘instruidas’. En cambio, la parte de la clase obrera que había llegado al convencimiento de la insuficiencia de las simples revoluciones políticas y proclamaba la necesidad de una transformación fundamental de toda la sociedad, se llamaba entonces comunista. Era un comunismo rudimentario y tosco, puramente instintivo; sin embargo, supo percibir lo más importante y se mostró suficientemente fuerte en la clase obrera para producir el comunismo utópico de Cabet en Francia y el de Weitling en Alemania. Así, el socialismo, en 1847, era un movimiento de la clase burguesa, y el comunismo lo era de la clase obrera. El socialismo era, al menos en el continente, cosa ‘respetable’; el comunismo, todo lo contrario. Y como nosotros manteníamos desde un principio que ‘la emancipación de la clase obrera debe ser obra de la clase obrera misma’, para nosotros no podía haber duda alguna sobre cuál de las dos denominaciones procedía elegir. Más aún, después no se nos ha ocurrido jamás renunciar a ella”.